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PENSAMIENTOS

El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos.

Henry Ford

Toda la tecnología tiende a crear un nuevo entorno humano... Los entornos tecnológicos no son meramente pasivos recipientes de personas, son procesos activos que reconfigurar a las personas y otras tecnologías similares.

Herbert Marshall Mcluhan

La vida no es una tecnología, ni una ciencia. La vida es un arte, has de sentirla. Es como el caminar por una cuerda floja.

Osho

Es un hecho que el hombre tiene que controlar la ciencia y chequear ocasionalmente el avance de la tecnología.

Thomas Henry Huxley

¿Por qué esta magnifica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida más fácil nos aporta tan poca felicidad? La respuesta es esta, simplemente: porque aún no hemos aprendido a usarla con tino.

Albert Einstein

"Los que se enamoran de la práctica sin la teoría son como los pilotos sin timón ni brújula, que nunca podrán saber a dónde van."

Leonardo Da Vinci

Autor y Administrador

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Administrador de Empresas, especialista en RR HH, en el oficio del Marketing Digital, en la Docencia de la Educación para el Trabajo, amante de la tecnología, escritor amateur, dedicado a la comunicación efectiva de contenidos variados a través de las Redes Sociales y los Blogs.
Con la tecnología de Blogger.
viernes, 29 de abril de 2011

He aquí algo que llego a mis predios, gracías a mi bella hija Mairenis Espinoza, una lección de vida que quiero compartir con ustedes… Es mi intención reproducir esta historia, como si esto fuera lo que hiciese falta en nuestra sociedad hoy y con urgencia para el mañana de nuestra nación, este artículo que fue publicado por primera vez a comienzos del siglo XX. Fue escrito en solo una hora y para rellenar un espacio en la primera página de un periódico local. Desde entonces se ha copiado millones de veces alrededor de todo el mundo, algo casi imposible se logró, que millones de personas en aquel momento lo leyera y lo que parece más extraordinario aún, es que hoy seguimos reproduciéndolo y la lista de millones sigue creciendo, pero también es cierto, que es más fácil conseguir una aguja en un pajal, que encontrar personas que sean realmente capaces.

UN MENSAJE A GARCÍA

Elbert Hubbard


Preámbulo

Esta pequeñez literaria, UN MENSAJE A GARCIA, fue escrita una noche, después de la comida, en una hora. Erase el 22 de febrero de 1899, natalicio de Washington y ya íbamos a entrar en prensa con el número de marzo de nuestra revista PHILLISTINE. Brotaba candente de mi corazón, escrita cual fue, después de pesaroso día dedicado a tratar de enseñar la ciertos indolentes moradores de la villa a abjurar de aquel estado comatoso en que se encontraban y a infiItrarles radioactividad. La idea surgió de una pequeña discusión, cuando tom bamos el té, en la cual mi hijo Bert lanzó la especie de haber sido Rowan el verdadero héroe de la guerra de Cuba. Rowan salió solo y realizó su propósito, llevó el mensaje a García. Cual destello de luz vino a mi mente la idea... Es verdad, me dije, el muchacho tiene razón: héroe es aquel que cumple su cometido, que lleva su mensaje a García. Levanteme de la mesa y escribí UN MENSAJE A GARCIA. Tan poca fue mi estimación de este artículo, que se publicó sin encabezamiento en la revista...




Hízose el reparto y poco después principiaron a llegar pedidos de una docena, cincuenta, cien ejemplares adicionales del número de marzo de PHILLISTINE y cuando la American News Company pidió mil ejemplares pregunté a uno de mis empleados, cual era el artículo que había levantado tanto polvo cósmico: "Eso de Garcia", me contestó. Al día siguiente recibió un telegrama de George S. Daniels, del Ferrocarril Central de New York, que decía así: Cotice precio de cien mil ejemplares artículo Rowan, en forma de folleto. Anuncio Tren Expreso del Estado Imperial al respaldo. Diga cuándo puede hacerse la entrega. Contesté cotizando precio y diciendo que podría entregarlo en dos años. Nuestras facilidades eran pocas y cien mil ejemplares parecíanos una empresa magna. El resultado fue que concedí permiso a mister Daniels para que reprodujeran el artículo como quisiera. Lo hizo en forma de folleto, en ediciones de medio millón. Distribuyó dos a tres ediciones de medio millón cada una y además el artículo fue reproducido en más de doscientas revistas y periódicos. Ha sido trasducido a todos los idiomas.

Cuando Mr. Daniels se ocupaba de la distribución de "Un Mensaje a García", el Príncipe Hillakoff, director de los ferrocarriles de Rusia, se encontraba en este país. Era huésped de la Compañía del Ferrocarril Central de New York y viajó todo el país acompañado de Mr. Daniels. El Principe vió el librito; le interesó, más por el hecho de que Mr. Daniels lo estaba distribuyendo en tan grandes cantidades que, probablemente, por cualquier otro motivo. De todos modos, cuando el Príncipe regresó a su país, hizo que se le tradujera y se entregara un ejemplar a todo empleado del ferrocarril en Rusia. Tras este vinieron otros paises y de Rusia pasó a Alemania, Francia, España, Turquía, Indostán y China. Durante la guerra entre Rusia y Japón, a todo soldado se entregó un ejemplar del "Mensaje a Garcia".

Encontrando los Japoneses esos libritos en poder de los prisioneros rusos, llegaron a la conclusión de que debía ser algo bueno y por consiguiente lo tradujeron al japonés. Y por orden del Mikado se entregó un ejemplar a todo empleado, civil o militar, del gobierno japonés. Más de cuarenta millones de ejemplares de "Un mensaje a García" han sido impresos. Se dice que esta es la circulación mayor de toda la historia, que haya tenido un trabajo literario durante la vida del autor, gracias a una serie de accidentes afortunados.

E. H.
East Aurora. 19 de diciembre, 1913.


Un Mensaje a García



Hay en la historia de Cuba un hombre que destaca en mi memoria como Marte en Perihelio.

Al estallar la guerra entre los Estados Unidos y España, era necesario entenderse con toda rapidez con el jefe de los revolucionarios de Cuba.

En aquellos momentos este jefe, el general García, estaba emboscado en las esperanzas de las montañas, nadie sabía donde. Ninguna comunicación le podía llegar ni por correo ni por telégrafo. No obstante, era preciso que el presidente de los Estados Unidos se comunicara con él. ¿Qué debería hacerse?

Alguien aconsejó al Presidente: “Conozco a un tal Rowan, con el que es posible encontrar a García, él lo encontrará”.

Buscaron a Rowan y le entregó la carta para García.

Rowan tomó la carta y la guardó en una bolsa impermeable, sobre su pecho, cerca del corazón.

Después de cuatro días de navegación dejó la pequeña canoa que le había conducido a la costa de Cuba. Desapareció por entre los juncales y después de tres semanas se presentó al otro lado de la isla; había atravesado a pie un país hostil y había cumplido su misión de entregar a García el mensaje del que era portador.

No es el objeto de este articulo narrar detalladamente el episodio que he descrito a grandes rasgos. Lo que quiero hacer notar es lo siguiente: McKinley le dio a Rowan una carta para que la entregara a García, y Rowan no preguntó: “¿En donde lo encuentro?”

Verdaderamente aquí hay un hombre que debe ser inmortalizado en bronce y su estatua colocada en todos los colegios del país.

Porque no es erudición lo que necesita la juventud, ni enseñanza de tal o cual cosa, sino la inculcación del amor al deber, de la fidelidad a la confianza que en ella se deposita, del obrar con prontitud, del concentrar todas sus energías; hacer bien lo que se tiene que hacer. “Llevar un Mensaje a García”.

El general García ha muerto; pero hay muchos otros García en todas partes.

Todo hombre que ha tratado de llevar a cabo una empresa para la que necesita la ayuda de otros, se ha quedado frecuentemente sorprendido por la estupidez de la generalidad de los hombres, por su incapacidad o falta de voluntad para concentrar sus facultades en una idea y ejecutarla.

Ayuda torpe, craso descuido, despreciable indiferencia y apatía por el cumplimiento de sus deberes; tal es y ha sido siempre la rutina. Así, ningún hombre sale adelante, ni se logra ningún éxito si no es con amenazas y sobornando de cualquier otra manera a aquellos cuya ayuda es necesaria.

Lector amigo, tú mismo puedes hacer la prueba.

Te supongo muy tranquilo, sentado en tu despacho y a tu alrededor seis empleados, todos dispuestos a servirte. Llama a uno de ellos y hazle este encargo: “Busque, por favor, la enciclopedia y hágame un breve memorándum acerca de la vida de Correggio”.

¿Esperas que tu empleado con toda calma te conteste: “Si, señor”, ¿y vaya tranquilamente a poner manos a la obra?

¡Desde luego que no! Abrirá desmesuradamente los ojos, te mirará sorprendido y te dirigirá una o más de las siguientes preguntas:

¿Quién qué?
¿Cuál enciclopedia?
¿Eso me corresponde a mí?
Usted quiere decir Bismarck, ¿no es así?
¿No seria mejor que lo hiciera Carlos?
¿Murió ya?
¿No seria mejor que le trajera el libro para que usted mismo lo buscara?
¿Para que lo quiere usted saber?

Apuesto diez contra uno, a que después de haber contestado a tales preguntas y explicado como hallar la información que deseas y para que la quieres, tu dependiente se marchará confuso e irá a solicitar la ayuda de sus compañeros para ‘encontrar a García’. Y todavía regresará después, para decirte que no existe tal hombre. Puedo, por excepción, perder la apuesta; pero en la generalidad de los casos, tengo muchas probabilidades de ganarla.

Si conoces la ineptitud de tus empleados, no te molestarás en explicar a tu “ayudante”, que Correggio se encuentra en la letra C y no en la K. Te limitaras a sonreír e irás a buscarlo tú mismo.

No parece sino que es indispensable el dudoso garrote y el temor a ser despedido el sábado más próximo, para retener a muchos empleados en sus puestos. Cuando se solicita un taquígrafo, de cada diez que ofrezcan sus servicios, nueve no sabrán escribir con ortografía y algunos de ellos considerarán este conocimiento como muy secundario.

¿Podrá tal persona redactar una carta a García?

--¿Ve usted este tenedor de libros? --me decía el administrador de una gran fabrica.

--Si, ¿por qué?

--Es un gran contador, pero si le confío una comisión, solo por casualidad la desempeñará con acierto.

Siempre tendré el temor de que en el camino se detenga en cada cantina que encuentre y cuando llegue a la Calle Real, haya olvidado completamente lo que tenía que hacer.

¿Crees, querido lector, que a tal hombre se le puede confiar “Un Mensaje para García”?

A últimas fechas es frecuente escuchar que se excita nuestra compasión para con los enternecedores lamentos de los desheredados, esclavos del salario, que van en busca de un empleo. Y esas voces a menudo van acompañadas de maldiciones para los que están “arriba”.

Nadie compadece al patrón que envejece antes de tiempo, por esforzarse inútilmente para conseguir que el aprendiz chambón ejecute bien un trabajo. Ni nos ocupamos del tiempo y paciencia que pierde en educar a sus empleados para que estén en aptitud de realizar su trabajo, empleados que flojean en cuanto vuelve la espalda.

En todo almacén o fabrica se encuentran muchos zánganos, y el patrón se ve obligado a despedir a sus empleados todos lo días, pero no lo hace porque la probabilidad de reemplazarlos con otro holgazán es la realidad, también lo impiden los reglamentos y la burocracia, los sindicatos, etc.

Esta es invariablemente la historia que se repite en tiempos de abundancia. Pero cuando por efecto de las circunstancias, escasea el trabajo, el jefe tiene oportunidad de escoger cuidadosamente y de señalar la puerta a los ineptos y a los holgazanes.

Por propio interés, cada patrón procura conservar lo mejor que encuentra; es decir, a aquellos que pueden llevar Un Mensaje a García.

Conozco un individuo que se halla dotado de cualidades y aptitudes verdaderamente sorprendentes; pero que carece de la habilidad necesaria para manejar sus propios negocios y que es absolutamente inservible para los demás. Sufre la monomanía de que sus jefes lo tiranizan y tratan de oprimirlo. No sabe dar órdenes, no quiere recibirlas.

Si se le confía Un Mensaje a García, probablemente contestaría: “llévelo usted mismo”.

Actualmente este individuo recorre las calles en busca de trabajo, sin más abrigo que un deshilachado saco por donde el aire se cuela silbando. Nadie que lo conozca accede a darle empleo. A la menor observación que se le hace monta en cólera y no admite razones; seria preciso tratarlo a puntapiés, para sacar de él algún partido.

Convengo de buen grado en que un ser tan deforme, bajo el punto de vista moral, es digno cuando menos de la misma compasión que nos inspira un lisiado físico. Pero en medio de nuestro filantrópico enternecimiento, no debemos olvidar derramar una lágrima por aquellos que se afanan al llevar a cabo una gran empresa; por aquellos cuyas horas de trabajo son ilimitadas, pues para ellos no existe el silbato; por aquellos que a toda prisa encanecen, a causa de la lucha constante que se ven obligados a sostener contra la mugrienta indiferencia, la andrajosa estupidez y la negra ingratitud de los empleados que, si fuera por el espíritu emprendedor de estos hombres, se verían sin hogar y acosados por el hambre.

¿Son, demasiado severos los términos en que acabo de expresarme? Tal vez si. Pero cuando todo mundo ha prodigado su compasión por el proletario inepto yo quiero decir una palabra de simpatía hacia el hombre que ha triunfado, hacia el hombre que, luchando con grandes obstáculos, ha sabido dirigir los esfuerzos de otros, y después de haber vencido, se encuentran conque lo que ha hecho no vale nada; solo la satisfacción de haber ganado su pan.

Yo mismo he cargado la portaviandas y trabajo por el jornal diario; y también he sido patrón de empresa, empleado “ayuda” de la misma clase a que me he referido, y se bien que hay argumentos por los dos lados.

La pobreza en sí, no reviste excelencia alguna. Los harapos no son recomendables ni recomiendan por ningún motivo. No son todos los patrones rapaces y tiranos, ni tampoco todos los pobres son virtuosos.
Admiro de todo corazón al hombre que cumple con su deber, tanto cuando está ausente el jefe, como cuando está presente. Y el hombre que con toda calma toma el mensaje que se le entrega para García, sin hacer tontas preguntas, ni abrigar la aviesa intención de arrojarlo en la primera atarjea que encuentre, o de hacer cualquier otra cosa que no sea entregarlo, jamás encontrará cerrada la puerta, “Ni necesitará armar huelgas para obtener un aumento de sueldo”.

Esta es la clase de hombres que se necesitan y a la cual nada puede negarse. Son tan escasos y tan valiosos, que ningún patrón consentiría en dejarlos ir.

A un hombre así se le necesita en todas las ciudades, pueblos y aldeas, en todas las oficinas, talleres, fábricas y almacenes. El mundo entero clama por él, se necesita, ¡¡Urge… el hombre que pueda llevar un mensaje a García !!

Helbert Hubbard

















Un Breve Análisis de la Historia



Esta es la historia de cómo en plena guerra entre Estados Unidos y España hubo la necesidad de un convenio entre la unión americana y el general García, del que se desconocían su paradero. Y de cómo un solo hombre podría hacer llegar aquel mensaje a las manos del general.

Acudieron a Rowan, y aquel hombre, que sin ninguna objeción o pregunta, pudo vencer todos los obstáculos había cumplido con su misión, era un hombre, según el autor del breve ensayo, Helbert Hubbard, el tipo de ser humano que debiera ser inmortalizado en todas las Instituciones Educativas del mundo, ya que su historia es digna de conocerse en cada salón o ambiente de estudio, para que esto sea un aporte significativo como modelo de moldeamiento completo del estudiante, para que le de esa autonomía, esa chispa e iniciativa que le permita saltar los obstaculos, cruzar las fronteras y hacer cualquier función, actividad o tarea, que se le encomiende o que el mismo se plantee.

Esa capacidad o competencia adquirida que muchos Garcías quisieran que sus colaboradores tuvieran, es lo que se desea en los trabajadores y subordinados, lamentablemente en la realidad la gran mayoría solo son individuos sumidos en la ignorancia en los cuales la característica más determinante de su proceder es la ineficiencia que los denota, personas que parecen estar carentes de voluntad y fuerza en sus labores.

Se sabe que si a un trabajador se le asigna una tarea compleja él comenzará a hacer una serie de preguntas que le permitan evadirse y si no lo logra evadirse del deber se irá a hacer su labor con inconformidad, sin interés y probablemente no entregue los resultados esperados. Y que solo lo haga porque esta presionado por la idea de que podría perder su empleo al no hacerlo.

También se ven trabajadores, exitosos en sus labores con un gran desempeño, pero que a la vuelta de la esquina se topan con algún vicio y pierden todas sus virtudes o por lo menos parte de ellas, especialmente la iniciativa y esa capacidad admirable valga la redundancia de ser capaz de ejecutar sus actividades sin objetar.

Por ende, en manos de personas como estas no podría estar un mensaje o una carta a García. Pues no se puede confiar en ellos y no tienen sino las desvirtudes que precisamente no se les demanda, ni tienen la bella actitud de querer satisfacer a esos Garcías que esperan de ellos lo mejor y no un exabrupto inperdonable, como dice el autor, “crazo descuido”.

Es muy común escuchar a mucha gente que hace ataques a los capitalistas, empresarios, jefes… y oír como lanzan panegíricos a los pobres, que inútilmente buscan trabajo en el que no se quieren desempeñar y por el que no sienten nada de apropiación, entonces el jefe derrocha su vida tratando de formar trabajadores capaces, con un sentido de pertenencia a su trabajo y a la empresa que les da el sustento diario. Estas personas, que luchan por sacar sus proyectos adelante sin importarles el egoísmo de los subalternos, estas personas son las que llevan el mensaje sano y salvo hasta las manos del General.No hay mayor recompensa al finalizar una jornada laboral que llegar al hogar y encontrar un plato de comida. Esto lo merece aquel trabajador que cumple con su tarea con supervisión, o sin ella, que no delega sus responsabilidades en otro y que no pregunta porque ni para quien debe hacerlo. Así son las personas que la sociedad necesita., pues son personas con iniciativa y fuerza, estas jamás esperaran una orden. Estas gentes tampoco tendrán inconvenientes en hacer llegar por cuenta propia, el mensaje a García.

Hay algo más que se debe resaltar y que parece pertinente en este análisis y no es más que el esclarecimiento del concepto de inicitiativa, dado que esta historia aludea que es através de ella que se logra ser un verdadero Rowan en nuestras instituciones, la iniciativa se puede definir como la acción de dar comienzo a algo, de hablar u obrar por voluntad propia, adelantándose a cualquier motivación externa o ajena a uno mismo.

Tomar la iniciativa se reflejaen esta historia, porque se muestra que debemos estar en la búsqueda continua de García, es decir ser todos como Rowan buscar sin preguntar, donde, como o para cuando lo necesitan, deberíamos eliminar estas palabras de nuestro vocabulario y limitarnos en decir internamente solo "SI SE PUEDE", pero no solo decirlo “lo hare” sino hacer mucho mas que eso con esta actitud que nos permita no solo ser mejores empleados sino llegar a ser unos grandes gerentes o dirigentes.

El individuo creativo puede, no obstante, llegar a diferenciarse de los demás ya que tiene la iniciativa de dar respuestas puntuales a situaciones concretas para la creación de condiciones más favorables, usando inmediatamente los medios disponibles. En este sentido busca inmediatamente resolver las carencias percibidas, con la intención de practicar directamente la autodeterminación, y obteniendo como resultado resaltar por sobrelos ignorantes, ineptos e incapacesde la empresa, corporación o ámbito en el que se desempeñe.

La creatividad es pues la capacidad de producir respuestas originales a cualquier problema. Deberíamos estar en la generación de nuevas ideas o conceptos, o de nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, que habitualmente producen soluciones originales.

En tal sentido, para decir que somos creativos tenemos que suponer que tenemos el ingenio o prodigio de tener la capacidad de inventar cualquier cosa nueva, competencias suficientes para encontrar soluciones efectivas, eficaces y eficientes y sobre todo voluntad de hacer las transformaciones necesarias, ser un verdadero revolucionario de ideas, un rompedor de paradigmas que cambien para bien el mundo en el que vivimos.

Para ser un verdadero Rowan tenemos que tener confianza en nosotros mismos, flexibilidad a los cambios, capacidad intuitiva, curiosidad y no temer a la adversidad, o nos limitamos en hacer solo lo que nos piden y no damos un poco mas para entregar un mejor trabajo, recordemos que cuando buscamos a García además de que estamos ayudando a otros a mejorar también mejoramos nosotros.


Mairenis Espinoza

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