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Administrador de Empresas, especialista en RR HH, en el oficio del Marketing Digital, en la Docencia de la Educación para el Trabajo, amante de la tecnología, escritor amateur, dedicado a la comunicación efectiva de contenidos variados a través de las Redes Sociales y los Blogs.
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sábado, 16 de abril de 2011
Tomado textualmente de la Revista Calidad Empresarial Nro. 21. Pág. 41.

COLECCIONABLE.

GOBERNABILIDAD: aseguramiento estratégico de la gestión gubernamental

Por:
El Ing. Víctor Dezerega Cáceres,


INTRODUCCIÓN

Es muy frecuente que -desafortunadamente- muchos directivos laborales, empresariales,  gubernamentales y no gubernamentales -e incluso profesores y consultores de gerencia y gobierno- no tengan siempre presente y suficientemente claro el elusivo concepto de gobernabilidad ni el conjunto de factores de que ella  depende. Pero, por supuesto, todo el mundo discute éste asunto con pasión y opina -como si supiera- pues todo directivo o ejecutivo -todo gobernante o gerente- tiene claro que no debería no dominar el tema: desdichadamente lo más usual -en tales circunstancias- es compartir ignorancia… y actuar en consecuencia. Mi intención es contribuir -en lo posible- a cambiar en algo ésta situación -con una aproximación científica y no política- si es que ello es posible.

Sea la que sea la filosofía, concepto, idea, sistema, técnica, instrumento, herramienta, etc. que se use -para una mejor práctica de la gerencia o gobierno de la organización a cargo- la misión fundamental de sus directivos o ejecutivos es lograr su gobernabilidad.

Lograr la gobernabilidad de la organización en cuanto a lograr que -actuando en consonancia con los valores convenidos- ella logre avanzar hacia la visión o propósito estratégico formulado, alcanzando progresivamente los objetivos y metas que reflejan ésta aspiración… pese -o gracias- a la acción de aliados, oponentes e indiferentes, externos e internos…en un clima de relativa armonía.




Cuando un gobierno culpa a la oposición de no lograr lo que se había propuesto, ese gobierno -aunque diga lo contrario- reconoce que perdió gobernabilidad y que el manejo de la situación se le escapó de las manos. Si la oposición quería y logró descolocar al gobierno y hacerlo incumplir sus propósitos ganó gobernabilidad: por lo menos mientras lo logró. Lo mismo es válido a la inversa.

Si una empresa X gana en forma sostenida a un competidor Y -en participación de mercado- éste está perdiendo gobernabilidad en lo competitivo, pero si al final X quiebra, pues sus precios eran competitivos más no eran rentables, es X la que perdió gobernabilidad… y es probable que Y recupere la suya.

Ahora bien -desgraciadamente- los objetivos de un gobierno no se corresponderán                necesariamente- con los objetivos del Estado, objetivos que siempre deberían estar por encima de los objetivos e intereses tanto del gobierno como de la oposición. Algo análogo sucede con los objetivos de la alta gerencia y los objetivos de la Organización, los que -de un modo u otro- deberían intentar satisfacer con excelencia a todos los interesados en que ella sea exitosa: clientes, trabajadores, proveedores, comunidad y accionistas públicos y/o privados, con o sin fines de lucro.

Las dificultades y distorsiones asociadas a no satisfacer -plenamente- todos estos requerimientos, configuran los que se denominan problemas de agencia: la resolución de estos implica lograr que los agentes (mandatarios) se comporten de tal modo que velen -efectivamente- por el bienestar colectivo de los mandantes y no por satisfacer sus intereses personales en desmedro de los demás.

Está de moda en nuestro medio el uso de la palabra “mediática” -que no figura en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua- en el sentido de usar los “medios” de comunicación,  para mediatizar la acción del gobierno, por intereses supuestamente mezquinos, para entorpecerla. Un gobierno sólido y capaz debería ser -o estratégicamente hacerse- relativamente inmune a la acción de sus oponentes… y no quejarse del mayor poder de sus oponentes para llevarlo a  perder gobernabilidad.   Lo mismo es válido a la inversa.

La misión de los oponentes es ser oponentes… y deberían cumplirla; los gobernantes deberían cumplir la suya: gobernar -gobernablemente- en beneficio de todos… respetando estrictamente la institucionalidad y los valores democráticos… aunque otros actores no los hayan respetado y aunque exista la posibilidad de que la oposición no los vaya a respetar… y aunque por ello o por incompetencia -y/o pérdida de popularidad y/o poder- pudiera perder tanto la gobernabilidad como el gobierno; esas son -o deberían ser- las reglas del juego democrático.

Esto es también aplicable a los  sectores empresariales y laborales, políticos y no gubernamentales -independientes o de oposición- pues no es aceptable que ellos actúen pasivamente y solo se quejen y culpen en forma sostenida de lo mucho que la gestión gubernamental -y la baja gobernabilidad del Estado- los perjudica, incluso en cuanto a la gobernabilidad de las organizaciones a cargo: es necesario que -al mismo tiempo- hagan algo de suficiente impacto, para intentar remediar y corregir -drástica, pero también democráticamente- la situación que los afecta… en vías a alcanzar el grado de gobernabilidad requerido.

El desafío a lograr una elevada gobernabilidad del Estado -frente a todas éstas circunstancias- representa lo que deberían intentar resolver -deliberada, conjunta y concertadamente- los dirigentes gubernamentales y no gubernamentales… laborales y empresariales… religiosos y políticos… y la sociedad civil organizada… etc., en forma asertiva, proactiva e ingeniosa, respetando democrática y fielmente el mandato de sus mandantes.

De allí que la búsqueda de gobernabilidad sea extensible a la gobernabilidad de todo el país, pues la gobernabilidad de él depende de la gobernabilidad de sus instituciones y compete no solo a todos sus habitantes, sino también interesa a los países vecinos y a todos aquellos con los que existen relaciones importantes. Desde un punto de vista sistémico compete a todo el mundo, más aún en un mundo globalizado e interconectado en que todo nos afecta a todos: sobre todo si el país representa una enorme fuente de energía -y por pérdida de gobernabilidad- se convierte en blanco -apetecido y ultra vulnerable- de terroristas y antiterroristas...

La gobernabilidad implica la capacidad de la comunidad para lograr un equilibrio relativamente estable entre los sistemas político, económico, social, cultural, etc., que permita conducir los asuntos públicos -con transparencia y calidad- en forma relativamente equitativa y armoniosa, eficaz y eficiente, en beneficio del bienestar de todos...

Esto es más fácil de decir que de lograr, pues implica equilibrar intereses encontrados.

Por un lado están los que siguen a los que defienden intereses económicos sectoriales, predominantemente de corto plazo, temen a los cambios radicales y prefieren el desarrollo con estabilidad garantizada como vía para atraer capitales -y a través del mercado- generar prosperidad para todos (tildados de “conservadores”, “neoliberales”, etc.).

Por otro lado están los que siguen a los que defienden la intervención estatal como vía para lograr progreso con justicia social -a través de cambios radicales- en un muy corto plazo y aunque ello conduzca a desequilibrios macroeconómicos mayores (autodenominados “progresistas”, “revolucionarios”, etc.).

De allí el amplio zigzagueo en la búsqueda de un equilibrio -no siempre concertado- entre libertad (¿y prosperidad?) e igualdad (¿y autoritarismo?) que -muchas veces- hace perder de vista la formulación explícita y el logro eficaz de objetivos estratégicos de largo plazo, en perjuicio de todos… y sin beneficio alguno para los más desposeídos…

¿Tiene alguien dudas acerca del grave riesgo de ingobernabilidad que corre cualquier comunidad en que los desfavorecidos y sus penurias aumentan -sin medida- frente a promesas incumplidas una y otra vez, independientemente de las múltiples y muy bien articuladas intenciones y explicaciones que se tengan y que -al fin de cuentas- solo revelan enormes incompetencias para gobernar y conciliar?

¿O es que acaso lo que justamente se busca -intencionadamente- es provocar una explosión social ingobernable?

¿No es más razonable suscribir un pacto ecuánime y concertado, pese a que haya quienes descalifiquen a priori todo pacto? ¿El problema es suscribir un pacto con cúpulas genuinamente representativas de sus bases o es con las cúpulas per se o con la supuesta ilegitimidad de esas cúpulas?   ¿Serviría de algo un pacto con cúpulas -incluso representativas- que ignore y no satisfaga a una muchedumbre creciente de desposeídos justificadamente rabiosos… y quizás -parcialmente- armados?

Una vez superada la situación coyuntural, conducente inevitablemente a una concertación obligada y mediatizada por la situación, ¿quiénes se atreverán a plantear -con diáfana transparencia- la imposibilidad de satisfacer -a corto plazo- expectativas justas o exacerbadas por la pasión, pero probablemente desmesuradas frente a los escenarios que se vislumbren, dada la enorme y creciente brecha entre los recursos financieros necesarios y los disponibles?

Sean ellos quienes sean requerirán ser representativos, valientes y sinceros y poseer una gigantesca capacidad de negociación y mediación -y generar una gran confianza-  para poder recuperar e incrementar efectivamente la gobernabilidad, lo que implica entender muy bien en que consiste ella y de que depende…
   

DEFINICIONES INTERESANTES


Para The British Council, Chile,  “El término gobernabilidad se refiere a las instituciones del estado, de la sociedad civil y del sector privado, y a las relaciones entre estos sectores.  

Aunque dichas relaciones varían según el país y la época, todos los países se enfrentan al siguiente desafío: cómo las instituciones pueden asegurar el bienestar de sus ciudadanos de manera más eficaz, y cómo los ciudadanos pueden contribuir a construir y a mantener instituciones que sean transparentes, eficientes y equitativas.”

Para el Foro sobre Gobernabilidad y Conflictos: “La gobernabilidad es un concepto político para plantear los modos de regulación del orden social.

El problema de un sistema social no es el conflicto sino la forma de arbitrarlo. El debate sobre gobernabilidad ha crecido de manera exponencial, de acuerdo con:

§  los objetivos proclamados por los gobiernos,
§  las líneas de acción de la cooperación internacional,
§  el concepto de regulación económica y social, y
§  la dimensión institucional y política del desarrollo.

Las diversas proposiciones en materia de gobernabilidad no son solamente un conjunto de recomendaciones sobre la manera más eficaz de administrar el Estado, sino que además son proposiciones específicas sobre la organización de las relaciones entre mercado y democracia.

Estas proposiciones inciden en la forma del estado y su misión, el dispositivo institucional y el marco normativo de un país, la flexibilidad del sistema político y las formas de participación y de manejo del conflicto.

Existen diversas corrientes de pensamiento en éste campo:

§  los pensadores liberales y la reformulación del modo de regulación de la posguerra,
§  el consenso de Washington acerca del ajuste,
§  el viraje neo-institucional, la fatiga del ajuste, las expectativas de democratización conectadas con la segunda generación de reformas llamadas institucionales, y
§  las tesis reguladoras de la relación entre democracia y mercado.

El conflicto tiene múltiples manifestaciones  como contradicción de intereses tanto en el ámbito internacional como nacional, además de ser un poderoso revelador de las formas de gestión del orden social.

Durante la guerra fría  la cuestión del conflicto social tuvo un status particular. Según su dimensión y naturaleza era pensado en términos de defensa, reforma o cambio del sistema social.

Desde que la democracia y el mercado se afirmaron como las referencias dominantes el conflicto cambió de status.  Evidentemente no ha desaparecido y menos aún sus causas, pero ahora es pensado en términos de eficacia del sistema. Es en este marco que han aparecido las nociones acerca de la gestión y prevención del conflicto.

El análisis del conflicto es vital para la gobernabilidad en cualquiera de sus proposiciones y en cualquier tipo de sociedad.

Pero en aquellas  sociedades donde el conflicto ha escapado a toda forma de regulación devastando las relaciones sociales, obliga además a pensar y descubrir estrategias de construcción de formas políticas e institucionales que lo integren y posibiliten la paz. 

En esta dirección los nuevos análisis del conflicto lo han situado como un parámetro importante de estabilidad o de cambio, de eficacia institucional y como condición de paz.

A esto se han asociado temáticas que analizan la manifestación del conflicto y sus actores, las formas de violencia, la respuesta institucional, el control de armas livianas y las políticas de seguridad ciudadana.”

CURZIO, investigador de la UNAM -en un muy interesante artículo sobre gobernabilidad- plantea lo siguiente: “Podríamos tal vez hablar de un principio de gobernabilidad. La idea de principio flexibiliza el manejo al no establecer una caracterización rígida. El principio de gobernabilidad puede cumplir una función útil en términos comparativos, similar a la función recíprocamente excluyente que tienen las díadas desarrollo/subdesarrollo defendida por Aron y la recientemente comentada por Bobbio de izquierda/derecha.

La pareja gobernabilidad/ingobernabilidad es recíprocamente excluyente, es decir, hay capacidad de conducción armónica o no la hay, aunque no se sepa con precisión cuál es el umbral que separa a ambas situaciones. Por otra parte, a la idea de principio se debe agregar que la gobernabilidad y la ingobernabilidad son procesos sistémicos similares a los de la termodinámica. El orden y el caos, por ejemplo, son parte de una misma realidad compleja. No existe el orden estático ni el desorden total.   De manera análoga, no es posible concebir una comunidad política en la que exista la gobernabilidad perfecta y permanente. El reino de la entropía existe como una especulación de los físicos de manera similar al modo en que la ingobernabilidad es entendida por los politólogos como la descomposición completa o la inoperancia total del orden sistémico.

Creo que si analizamos el término como un principio también lograremos entender que no sólo puede, sino que está en su naturaleza, usarse como arma argumentativa para frenar o para avanzar en las transformaciones políticas.

Las querellas entre el antiguo régimen y la modernidad, al igual que las independencias en Latinoamérica, se articularon en torno al concepto tradicional de la legitimidad o la obediencia debida, y se usaba en ambos sentidos”.

Para mi es pues muy importante tener presente lo recién expuesto, junto con aceptar que es imposible e innecesario evaluar el grado de gobernabilidad con neutralidad y objetividad.

Por una parte tenemos que el observador mismo altera el sistema observado, más aún si hace pública la descripción “objetiva” de lo observado y su análisis “imparcial” de lo observado. Por otra parte tenemos que un observador cualquiera difícilmente se dará cuenta que su explicación le pertenece a él y no al complejo fenómeno social representado por la gobernabilidad. Puedo ver con mis propios ojos que el sol se desplaza -todos los días- del levante al poniente, y concluir “válidamente” que lo que se mueve es el sol y no la tierra…, pues mis propios ojos me muestran la “verdad” de lo observado, sin darme cuenta de la inválida reconstrucción de los hechos “objetivamente” observados y descritos.   Del mismo modo pretender evaluar y “describir neutral y objetivamente” la posición de oposición y gobierno es simplemente una ilusión…   


UN INTERESANTE MODELO


CURZIO propone -complementariamente- un modelo, para estudiar segmentadamente los problemas de gobernabilidad en un país y distribuir -y por consiguiente analizar- los 5 factores que -según él- permiten estabilizar la situación de un país en un contexto histórico determinado -y por contraste- detectar las vulnerabilidades que lo amenazan:

1.      percepción popular de la legitimidad política de los poderes públicos,

2.      competencia gubernamental demostrada en negociar y alcanzar acuerdos básicos y oportunos con los principales grupos de presión,

3.      eficacia gubernamental para integrar a todos los contendientes al juego político, es decir, para desarrollar y garantizar la participación de todos los actores relevantes en el esfuerzo estratégico de formular, compartir y llevar adelante un proyecto nacional,

4.      eficiencia gubernamental para atender, ordenar, canalizar, etc., demandas y reclamos de diferentes sectores de la sociedad con ecuanimidad, sin debilitar el interés público por presiones de grupos de poder o corrupción gubernamental, y

5.      viabilidad internacional del proyecto gubernamental -a lanzar o- en curso.

Desde mi punto de vista parece útil sugerir que se consideren otros 2 factores relevantes:

6.      competencia demostrada en descentralizar y desburocratizar el Estado, especialmente en cuanto al manejo de regiones y localidades se refiere, y…

7.      competencia demostrada en el manejo de la economía y las finanzas públicas, con énfasis en el incremento de inversiones productivas generadoras de empleo, y manejo coherente y exitoso de las políticas monetaria, fiscal y social, etc.

No defiendo ni ataco éste modelo: bien podría haber aplicado o inventado otro. También podría haber hecho un análisis comparativo de ventajas y desventajas de varios modelos entre sí, y seleccionado “objetivamente” el modelo más adecuado… obviamente más adecuado a mi manera de ver y evaluar el mundo… de acuerdo con mis criterios… con mi manera de ver el mundo… con mis paradigmas… con mis intereses: en la práctica habrán tantos mejores modelos como observadores haya… la invitación  a actuar con objetividad es solo una razón para obligar a otros a encontrarnos la razón (MATURANA).  

Como no podemos escapar a esta circunstancia -dado que actuamos de acuerdo con lo que percibimos con nuestros sentidos como si fuese una realidad objetiva- es útil darnos cuenta que esa “realidad” es solo una “representación” lingüística de ella: lo único que hace a un observador mejor que otro, es el éxito comparativo que alcanza -al actuar en consecuencia con lo observado, con lo distinguido- en cuanto a lograr o no lograr lo que quiere… circunstancial o persistentemente… individual o colectivamente…

¡De allí que no pueda defender lo “objetivo y neutral” de mi evaluación de la  gobernabilidad!


APLICACIÓN DEL MODELO


Teniendo presente lo recién expuesto sobre “objetividad y neutralidad”, se muestra a continuación una aplicación muy preliminar del modelo de 5 + 2 factores, a través de una evaluación muy preliminar de los factores determinantes de la gobernabilidad en Venezuela -efectuada mucho antes de los acontecimientos del 11 al 14 de Abril de 2002- comentando algunas acciones -tal vez ilusas- para intentar incrementarla, estimando críticamente las posibilidades de efectuarlas y tener éxito, que supuestamente hubo:

1.      La legitimidad e independencia de los poderes públicos y los personeros a cargo de ellos está fuertemente cuestionada -aunque no en cuanto al origen eleccionario del Presidente-  por una oposición cada vez más numerosa, organizada y belicosa.

El sector oficialista niega esta circunstancia con aún mayor belicosidad: culpa a la oposición de una conspiración mediática para derrocar al gobierno legítimo, responde con la formación de los círculos bolivarianos  y amenaza con el respaldo irrestricto de la Fuerza Armada Nacional.

Desde el punto de vista de la oposición -los principales personeros del actual gobierno son borregos sectarios e ineptos que, por su origen y conducta, no garantizan la nítida separación de poderes que la constitución establece.

Plantea que cambiarlos -abruptamente- por ciudadanos independientes y competentes con experiencia y credenciales adecuadas, de reconocida probidad: y no tan solo permitirles -sino también exigirles- independencia de criterio y dedicación extrema.

Para el gobierno y sus seguidores, su mandato ha sido legítimamente adquirido, su popularidad se mantiene y sus funcionarios son los mejores que el país ha tenido; beligerantemente ha hecho recaer los últimos nombramientos justamente en las personas más cuestionadas por la oposición empresarial y laboral… encargadas de negociar con ella.
    
Es difícil suponer que el ejecutivo y sus seguidores acepten cambiar el tren ejecutivo y que -frente a las circunstancias- sobren candidatos aceptables, por oposición y gobierno, que acepten ser nombrados. La más grave dificultad con la que se tropezarían los nuevos personeros -y que puede llevar a muchos candidatos a no aceptar designación alguna o renunciar a la primera de cambio- sería el manejo probablemente impopular de la delicada situación económica y financiera con que tendrían que lidiar (y que todos haríamos bien en entender que seguiría siendo la misma en caso de una transición abrupta, por renuncia voluntaria o inducida del ejecutivo: caso argentino).

¿Qué explicación aceptable se podría dar, para no extender las facilidades recientemente dadas a los militares, a todos los demás trabajadores?   Si se aceptase extenderlas a todos ¿de dónde saldrían los enormes recursos financieros necesarios?, En ese caso ¿en cuánto aumentarían devaluación e inflación? A la inversa ¿que sucedería si el ejecutivo desconociese -o no pudiese cumplir- con lo ya anunciado a los militares?, ¿o si los militares -de propia iniciativa- rechazasen lo ya concedido?  

Además, ¿Qué hacer con los contratos colectivos pendientes frente a la conflictividad laboral y al enorme déficit fiscal?, ¿Cómo satisfacer necesidades sociales acumuladas y crecientes -insoslayables- sin presupuesto suficiente?, ¿Cómo frenar con fuerza el creciente malestar de la población frente a la inacción contra corruptos poderosos…?  

Es difícil suponer que el Presidente llamé -de propia iniciativa- a un referéndum revocatorio que permita sobrellevar la situación: aunque tal vez es la mejor salida democrática, para medir fuerzas, frente al peligro creciente de una conflagración mayor. Otra salida -previa, alternativa o complementaria- es la renovación legítima de todos los demás poderes, partiendo por el electoral.

2.      Para la oposición la falta de competencia gubernamental para negociar es más que evidente, por la posición obstinada que ha tenido el ejecutivo en cuanto a no dialogar ni conciliar ni intentar establecer acuerdos con los grupos de presión que están en desacuerdo con él, por no reconocer que estos grupos ya han demostrado -reiteradamente- tener un fuerte y creciente apoyo de sus representados, por designar personeros ineptos y antagónicos en cargos relacionados con ellos (lo que consideran que es una burla), por arremeter desconsideradamente contra los medios y por no dar manifestación efectiva alguna de rectificación., abandonando la solución del avestruz.

Para el sector oficialista: la oposición dice que quiere negociar, pero en el fondo no lo quiere, pues lo que pretende es ofender, denigrar y conspirar, para derrocar al gobierno sólo con apoyo mediático y extranjero.  

Para mi siempre se pueden alcanzar buenos acuerdos -por difícil que parezca- si existe voluntad política y credibilidad mutua; aunque no es esa la situación, tanto el ejecutivo como los grupos de presión deberían -deponiendo la arrogancia y recuperando la cortesía- intercambiar dinámicamente propuestas alternativas de acuerdo, aceptables por las partes… recurriendo al apoyo de especialistas en negociación y mediación.

Es difícil suponer que el ejecutivo y sus seguidores -que son indudablemente los que deben dar sinceramente los primeros pasos- acepten ésta idea, aún cuando es posible que -en las actuales circunstancias- surgiesen buenas ideas por parte y parte.

3.      La falta de eficacia gubernamental para integrar a todos los contendientes al juego político, desarrollando y garantizando la participación de todos los actores relevantes en el esfuerzo estratégico de formular y llevar adelante un proyecto nacional, se refleja -para la oposición- en la falta de diálogo sincero y en la pugnacidad creciente del ejecutivo con la iglesia, los medios, los empresarios, los estudiantes, los profesores, los médicos, los trabajadores en general y los petroleros en particular, etc.

Por su parte numerosos personeros del ejecutivo creen -genuinamente- que la carta magna es un plan, proyecto o programa de país y que el plan de la nación es su concreción tangible de cómo lograrlo.

El llamado plan de la nación es más bien una descripción imprecisa -y no compartida- de lo que se quiere lograr, más que lo que –concretamente- debería ser:

o  Una especificación consensual de lo que se quiere lograr, de la visión de país a lograr, traducida en objetivos concretos de satisfacción -a diferente plazo y en diferente grado- de las necesidades de calidad de vida de la población,

o  una estrategia compartida de como lograr lo que -ambiciosa, pero colectiva y descentralizadamente- se quiere lograr a diferentes plazos, aterrizada a través de:

ü  un conjunto descentralizado de planes generales de acción en que se haya diseñado y secuenciado que hacer para lograr lo que se quiere lograr, desagregados -descentralizadamente a su vez-  en:

a.      un conjunto de proyectos o programas específicos de acción en que se haya especificado con que y con quién hacer lo planificado, determinado los recursos no monetarios necesarios versus los disponibles, y la forma de superar la brecha entre ambos, y

b.     un presupuesto descentralizado en que se hayan determinado con cuántos recursos monetarios se desarrollarían -descentralizadamente- los planes y programas y cómo se financiarían.

En el próximo número de ésta revista se publicará una síntesis del suscrito sobre Innovación en Gerencia Estratégica de Organizaciones Públicas -gemela de la síntesis ya publicada sobre Gerencia Estratégica de Empresas- ampliando lo recién expuesto, en cuanto a Planificar, Organizar, Liderar, Evaluar y Regular sistémica y sistemáticamente en el Sector Público... agregan valor para la población…

El primer paso para enrumbarnos debería darlo asertivamente el ejecutivo, pero la contraparte opositora no debería actuar pasivamente o solo criticar: debería explicitar -desde ya- lo que quiere y como lograrlo… aunque exista la posibilidad de que el gobierno y sus seguidores no acepten ninguna de sus propuestas e incluso se burlen.

Para el suscrito -en las actuales circunstancias- se dan excelentes condiciones, para generar ambiciosos proyectos de país, de parte y parte… y ambas partes pueden capitalizar inteligentemente esta circunstancia… pero ello requiere lo que desgraciadamente no siempre abunda: flexibilidad, entereza, pasión, dedicación… no es cuestión de discutir a quién le corresponde… es cuestión de aunar voluntades; no reaccionar: respirar hondo, no discutir: ponerse al lado, no rechazar: replantear, no presionar: tender un puente de oro, no atacar: educar con el poder… o aprender con el no poder (URY)

El encuentro propiciado por la Iglesia Católica para iniciar un trabajo conjunto de todos los sectores interesados en la elaboración de un proyecto nacional -no partidista- parece un buen inicio. La propia Iglesia debería propiciar la participación tanto de otros grupos religiosos como de los militares... desgraciadamente la idea perdió impulso por falta de acuerdo y metodología…

Es difícil suponer que el ejecutivo y sus seguidores acepten éstas ideas y se incorporen, como también es difícil que muchos representantes de la sociedad civil organizada acepten trabajar y conciliar con los actuales personeros del gobierno: no por eso debería dejarse de hacer -desde ya- un sincero y tenaz esfuerzo.

4.      Para la oposición es pública y notoria la falta de eficiencia gubernamental, para atender, ordenar y canalizar las demandas y reclamos de los diferentes sectores de la sociedad como también lo han sido las dificultades por impedir que el interés público no se vea debilitado por las presiones de los grupos de su entorno y la no aceptación de que existe una enorme corrupción gubernamental, acompañada de un mayor gasto social, pero sin lograr mejorar la situación que trata  de superar.

Para el gobierno y sus seguidores nada de esto pareciera evidente ni aceptable, pues consideran que pese al deterioro de la situación macroeconómica -debida, según ellos, exclusivamente a factores exógenos- se ha avanzado ostensiblemente en la satisfacción de las necesidades sociales importantes de la población más desasistida. Consideran que todos los reclamos de la oposición pretenden -sin probabilidad alguna de éxito- recuperar privilegios perdidos en desmedro de la mayoría de la población…

Es difícil suponer que el gobierno lleve a cabo lo sugerido en relación a los factores anteriores, intentando recuperar confianza, credibilidad y optimismo; el panorama es ahora menos incierto: escenarios y opciones se han ido decantando progresivamente.

5.      Para la oposición, la no viabilidad internacional del proyecto gubernamental pro OPEP, pro ruso, pro chino, pro castrista, pro guerrillero… la demuestra lo declarado por altos funcionarios extranjeros… y la origina el deterioro de la imagen pública del gobierno frente a la comunidad internacional relevante, por irrespeto de los derechos humanos, instigación contra los medios, justificadas reticencias fronterizas de los países vecinos, inseguridad en el abastecimiento energético del principal y más poderoso aliado comercial, etc. Para el gobierno y sus seguidores, el ejecutivo lidera muy bien a la OPEP, al Grupo de los 77, etc., establece convenientes convenios de cooperación con rusos, chinos, cubanos, etc. y se relaciona -a pedido de la comunidad internacional- con guerrilleros colombianos, etc. como resultado de su gestión y  la imagen internacional de que goza… como país no alineado y no aislado.

Para la oposición,  llevar adelante lo sugerido en los puntos anteriores junto con un abrupto cambio de personeros encargados de las relaciones exteriores -y de un conjunto clave de embajadores- además de una concreta reorientación del timón, podría recuperar la credibilidad internacional antes que la situación sea insostenible.

Es difícil suponer que el ejecutivo y sus seguidores estén dispuestos a reconocer lo planteado ni mucho menos a llevar adelante lo sugerido, ni menos aún con la oportunidad y velocidad que -según la oposición- se requeriría.

Agreguemos a la apreciación de los 5 factores del modelo de Curzio, la apreciación de los 2  factores adicionales propuestos por el suscrito:

6.      Para la oposición,  más que incompetencia en descentralizar y desburocratizar el Estado, el proceso de descentralización se desaceleró intencionadamente, controlando la transferencia de recursos a regiones y localidades con la intención de perturbar la gestión de gobernadores y alcaldes de oposición, y mantener bajo control central la buena voluntad de los seguidores.   Agregan que la acción de desburocratizar se afectó gravemente por la contratación -improvisada e innecesaria- de partidarios y simpatizantes, y el aumento indiscriminado del gasto fiscal improductivo, sin intento alguno de disminuir el tamaño de un Estado cada vez más hipertrofiado e ineficiente.

Es difícil suponer que dada la connotación política de lo señalado exista la posibilidad de sugerir algo -con probabilidades de ser aceptado por el gobierno- mientras no se produzca un muy improbable giro político a partir de una actitud distinta basada en un ver más profundo y un actuar más respetuoso: lo mismo es válido con respecto a todas las sugerencias efectuadas en relación a todos los demás factores.

7.      Para la oposición, la incompetencia y acción inefectiva en el manejo de la economía y las finanzas públicas, se evidencia en: la disminución del empleo y de las inversiones productivas generadoras de empleo, la reciente y violenta devaluación, que generó inflación y recesión, los graves problemas en los sectores eléctrico, petrolero y básico, la importante disminución de las reservas internacionales, el incremento del riesgo país y consecuencial aumento del costo de capital, etc.

Para algunos, esto fue intencionadamente provocado, con el fin de producir un desequilibrio macroeconómico mayor, conducente a descalabrar el sistema económico en términos de racionalidad neoliberal y así facilitar el logro de objetivos ideológicos político-sociales en búsqueda de una mayor justicia social, y un debilitamiento progresivo de la propiedad del capital.

Según el ejecutivo y sus principales seguidores esto se debe fundamentalmente al impacto económico-financiero mundial del ataque terrorista de NY, la crisis político-económica argentina, y la baja de los precios de petroleros, y en ningún caso a falta de control estratégico de la gestión gubernamental… o acciones desestabilizadoras.


CONCLUSIONES ANUNCIADAS


A.   Pareciera existir consenso en que una mayor o menor gobernabilidad tiene que ver con el poder -o la mayor o menor capacidad de acción autónoma- para lograr alcanzar los objetivos y metas de una organización, con especial referencia al gobierno legítimo y democrático de un país: es obvio que oposición y gobierno no concuerdan en su apreciación del mayor o menor poder del otro, y se descalifican mutuamente. Autoridad, fuerza y poder son tres aspectos totalmente distintos.

B.   Diferentes enfoques señalan diferentes factores como los determinantes de la gobernabilidad, pero pareciera haber coincidencia en cuento a considerar legitimidad y eficacia. Curzio plantea un modelo de análisis de 5 factores (legitimidad, acuerdo, eficacia, eficiencia, y viabilidad internacional); Dezerega sugiere -muy preliminarmente- agregar otros 2 (competencia demostrada en: 1. descentralizar y desburocratizar el Estado, y 2. manejar la economía y las finanzas públicas).  

C.   Para la oposición las excesivas expectativas populistas generadas por el ejecutivo venezolano no han sido satisfechas y no vislumbra que puedan serlo: no hay estrategia que haga viable satisfacerlas, ni plan detallando lo que hay que hacer; ni programa detallando con qué recursos no monetarios hacerlo ni presupuestos detallando los recursos monetarios requeridos y su financiamiento. El gobierno y sus seguidores opinan lo contrario.

Para mí, no hay diálogo entre las partes, ni acción conjunta -ni por separado- para preparar, proponer y convenir un nuevo proyecto de país, a partir de objetivos estratégicos, consensuados y viables…: tolerar es aceptar mientras se esté obligado; mientras que aceptar implica comprender sin que implique aceptar injusticias.

Mientras la oposición cuestiona la legitimidad e independencia de los poderes, el disenso creciente, la ineficacia para satisfacer quejas y la ineficiencia para disminuir los desordenes, hace notar que sigue disminuyendo sustancialmente tanto la popularidad interna como la viabilidad internacional del gobierno. El gobierno y sus seguidores no lo reconoce y plantea todo lo contrario: la belicosidad mutua crece.

D.   Para la oposición la gobernabilidad -no obstante estar gravemente afectada- se podría recuperar e incrementar, con un giro político trascendente, que permita afectar -positivamente- los factores claves que la determinan: éste giro del ejecutivo no se vislumbra -a corto plazo- como factible ni probable, no obstante que el ejecutivo parece estar conciente de esta situación y de una supuesta conspiración.

Parte de la oposición se pregunta entonces por el desenlace más probable, pues si los bajos niveles de gobernabilidad deberían conducir al colapso inevitable del ejecutivo -tal como sucedió con Allende, Color de Mello, Bucarán, Fujimori, de la Rúa, etc.- considera lícito pensar que el gobierno esté gestando “algo”, para auto sustentarse ¿por la fuerza?... y que ella debería hacer “algo” para contrarrestarlo ¿por la fuerza?:

i.        Algunos piensan -o quieren creer- que lo más probable es que al fin de cuentas no pase nada: el gobierno actual terminará su período sin cambiar en absoluto o girando -en el mejor de los casos, a una especie de Caldera 2, parte 2: Para ellos hasta los más belicosos gobiernistas terminarían abrazados con los directivos de la CTV y FEDECAMARAS celebrando juntos y haciendo prósperos negocios igual que antes… pese a lo de PDVSA, al paro general, a la huelga general indefinida… y a cualquier otro evento de descarga psicoterápica… el eventual alboroto político y social no tendría la más mínima importancia, sólo los intereses económicos predominarían; se volvería felizmente a más de lo mismo…

ii.     Los mismos -y otros muy cercanos a ellos- piensan que otra alternativa es que gracias a la presión a ejercer por la sociedad civil “organizada” apoyada por la CTV y/o FEDECAMARAS -o viceversa- habrá una transición -pacífica y democrática- a un nuevo gobierno, que sea el que sea y se encuentre con lo que se encuentre… implicará una sexta república que al fin de cuentas será igual a la cuarta… con más de lo mismo…   

iii.   Otros piensan que la pérdida de gobernabilidad observada desde noviembre inició una transición tormentosa de 7 pasos en 7 meses: despelote inicial, flotación o devaluación violenta, estancamiento ineludible, inflación galopante, desórdenes sociales mayores,  represión obligada, y sangre… conducente a un militarismo ilustrado, temporal… y económicamente racional -como etapa previa necesaria- de las alternativas siguientes...

iv.   Algunos -muy distantes de los anteriores- piensan que otra alternativa es que gracias a la presión a ejercer por la sociedad civil organizada -apoyada o no apoyada por la CTV y/o FEDECAMARAS, y con absoluta neutralidad de la FAN- habrá una transición, pacífica y democrática, a un nuevo tipo de gobierno: Sea el que sea y se encuentre con lo que se encuentre… implicará una sexta república totalmente distinta… en que los vicios anteriores no tendrán cabida o quedarán drásticamente disminuidos… alcanzándose niveles de despolitización partidista, participación ciudadana, probidad gubernamental, calidad de vida y prosperidad sin precedentes…   

v.      Otros -completamente opuestos a los anteriores- piensan que la pérdida de gobernabilidad era fase intencionada, necesaria y conveniente, para justificar y avalar la radicalización del planteamiento revolucionario bolivariano, posibilitando así la consolidación de un gobierno bolivariano populista -con o sin Chávez- después de recorrer los mismos 7 pasos previos, también con sangre… y -obviamente- sin temporalidad militarista o policíaca ni racionalidad económica.

Para el gobierno y sus seguidores la diversidad de opiniones expuesta muestra división y falta de liderazgo en la oposición, pero también muestra una injustificada e inaceptable conspiración internacional, pues ninguna de las malintencionadas imputaciones que se le hacen es cierta, y lo que pretenden es generar una matriz de opinión perversamente desestabilizadora… conducente a un golpe derechista… frente al cual, el desenlace -obligado por las ilícitas presiones de la oposición- podría ser un eventual, justificado e inevitable estado de excepción…o un contra golpe.

E.   Para Flores y Echeverría, las Afirmaciones describen los hechos, la realidad, el mundo, etc., tal como los percibimos y denotamos, comprometiéndonos socialmente a hacer afirmaciones verdaderas y relevantes, comprobables (ex post: ¿el más alto oficial militar afirmó -públicamente- que el Presidente había renunciado?).

Las Declaraciones son anuncios que se hacen y generan nuevas situaciones, mundos, etc., cuya validez depende de nuestra autoridad o fuerza;  nuestro compromiso social -al igual que en relación a todos los actos lingüísticos- es que actuemos en consecuencia con lo declarado, si no queremos deteriorar nuestra imagen pública y sufrir las consecuencias (ex post: ¿tenía PCE, autoridad legal y/o fuerza militar, para declarar lo que declaró?).   

Los Juicios -hijos de las declaraciones- son aseveraciones, opiniones, etc., que formulamos haciéndonos cargo de ciertas inquietudes sobre acciones futuras -propias o de otros- dentro de ciertos dominios y estándares, y respaldando lo aseverado con afirmaciones a favor y/o sustentaciones en contra de lo aseverado: todo lo cual hace que los juicios sean o no fundamentados (ex post: ¿lo que hubo fue pseudo golpe o ingenioso contra golpe?

Las Peticiones -al igual que las Ofertas- una vez que se hacen y otras personas las declaran aceptadas, se convierten en Promesas, en compromisos a cumplir que -si se cumplen- generan confianza, y que si se cumplen reiteradamente generan confianza reiteradamente, y generan CONFIABILIDAD… lo contrario genera lo contrario… 

En éste artículo he expuesto principalmente mis percepciones sobre las percepciones de la oposición y el gobierno, y como tales -sin reflexionar sobre las diferencias entre los 6 actos lingüísticos básicos, recién sintetizados- pudieran parecer Afirmaciones, pero no lo son: son Juicios sobre Juicios, y no verdades.

Tal vez el objetivo principal de éste artículo es tratar de lograr -con mi característica sinceridad y súper optimismo- que la oposición y el gobierno -y los seguidores de ambos- se den cuenta -oportuna, sutil y cabalmente- de la situación y de sus posibles y distintos   -y probablemente desagradables- desenlaces, para ambas partes, y para que entonces actúen -en consecuencia- con inteligencia perspicaz y debida oportunidad.

Exhorto -a ambas partes- a no guiarse por mis razonamientos sino atender a sus propias percepciones sobre la situación -y las percepciones de gobierno y oposición- guiándose por el modelo aquí expuesto y aplicado… o cualquier otro que les merezca confianza, y actuar en consecuencia… no hay viento favorable para quien(es) no sabe(n) lo que quiere(n).


EPÍLOGO: reflexiones  post 11 al 14.04.2002


Las emociones las podemos interpretar como predisposiciones a la acción: la emoción originada por la falta -o pérdida- de gobernabilidad, deriva en miedo a no lograr lo que se quiere o a perder lo que se tiene… aunque lo que se tenga sean inciertas posibilidades.

Manifestaciones: movimientos rápidos -de protección y huída- con tensión corporal, falta de claridad espiritual, mental y lingüística, desinterés y falta de predisposición -para emprender acciones e intentar superar la situación- que no sea protegerse, esconderse, etc.

Tener valentía implica atreverse a actuar, sobreponerse al miedo… e intentar lograr lo que se quiere, pese a las amenazas que se perciban y al miedo que ellas generen… el stress contingente o recurrente -asociado o no al miedo- nos prepara para huir o pelear… excepto que reconociendo nuestro temor:

“respiremos hondo, nos relajemos, nos centremos, nos sincronicemos con otra emoción, nos energicemos con ella y nos expresemos y actuemos con presencia y contacto humano… reconociendo y aceptando lo pertinente de nuestra emoción y las de otros, interpretando lingüísticamente lo que ella nos hace sentir corporalmente a nosotros y a otros… lo que nos da ganas de hacer y no hacer y las consecuencias de ello para nosotros y otros,  y cambiando de emoción cambiando nuestros gestos, postura y respiración  a los de otra emoción menos aflictiva y más atractiva para nosotros y otros, anclemos la emoción así generada, para hacerla volver a voluntad y disfrutarla nosotros y otros… de propia iniciativa o bajo la guía de un Coach”

Un Líder Estratégico integra Coaching Gerencial y Liderazgo Transformacional con destrezas de Liderazgo Transaccional y Gerencia Estratégica, y logra de los seguidores esfuerzos y desempeños más allá de las expectativas, con competencia emocional, para:

“influenciarlos, idealizando un comportamiento -a emular- ético y exitoso; motivarlos inspirándolos, con un significado trascendente de lo que intentan lograr; estimularlos intelectualmente, cuestionando supuestos y paradigmas frente a problemas y soluciones; y considerarlos individualmente, tratándolos como seres valiosos, únicos y distintos.”
Junto con competencia cognitiva, para:

“motivar, energizar y dirigir la percepción y conducta de los seguidores, haciéndoles comprender lo que se espera de ellos y lo que ellos pueden esperar recibir -a cambio- si satisfacen plenamente sus expectativas costo/beneficio, logrando -estratégicamente- lo mucho que ambiciosamente se quiere con lo mucho que se necesita, lo poco que se tiene y lo difícil y desafiante que se vislumbra el entorno y las acciones de los oponentes”

Generar y liderar alianzas ambiciosas y perdurables… y aunar voluntades requiere lo que no siempre abunda: flexibilidad, entereza, pasión, dedicación… además de notables capacidades, para afrontar negociaciones complejas, lo que implica tanto disponer de una mejor alternativa frente un acuerdo negociado como darse cuenta que:

i.          el objetivo de negociar no es alcanzar un acuerdo, el acuerdo es sólo un medio para alcanzar un fin común: mutua satisfacción, legalmente sostenible… si es posible
ii.       el objetivo de negociar no es ganar sino ganar-ganar; de otro modo el que salga perdiendo desconocerá el acuerdo apenas pueda hacerlo, aunque después sea acusado de no mantener su palabra… ateniéndose a las consecuencias, y
iii.     un buen acuerdo es el que satisface suficientemente a las partes, incentivando que se esfuercen por mantener el acuerdo, pues lo contrario perjudicaría a ambas partes…

Alcanzar un buen acuerdo bajo presión no es fácil, pero si no es bueno no sirve; lograr un acuerdo válido con personas deshonestas, obcecadas o sin autoridad o poder es aún más difícil, pero no imposible; requiere notable preparación emocional y cognitiva, para: no reaccionar sino respirar hondo, no discutir sino ponerse al lado, no rechazar sino replantear, no presionar sino tender un puente de oro, no atacar sino educar con el poder… la cuestión es perspicacia para no dejarse engañar ni auto engañarse, encontrar intereses comunes y no engancharse en las diferencias, proponiendo múltiples propuestas alternativas ingeniosamente “si…ables” (propuestas difíciles de rechazar).

Al establecer un acuerdo es conveniente chequear tanto las condiciones que lo regulan como las acciones que llevará a cabo cada quién y cuándo -a partir del acuerdo-  pues de otro modo se pueden sobrepasar -sin quererlo- los límites permisibles para todas y cada una de las partes, y provocar que éstas desconozcan abruptamente el acuerdo.

Del mismo modo debemos evitar el triunfalismo, y no cantar victoria antes de tiempo, en especial si ello afecta negativamente a terceras partes, puesto que éstas pueden intervenir con violencia y llevar -a las contrapartes- a desconocer o desvirtuar lo acordado:

Más aún si el compromiso se vislumbra debilucho… falso… ambiguo… e imperceptiblemente condicionado…; en éste aspecto es extraordinariamente útil una gran experticia en la interpretación del lenguaje no verbal… y su coherencia -o no- con el lenguaje verbal.

La pregunta de moda es: ¿qué va a pasar ahora…?  Contestarla implica esquematizar un modelo explicativo de lo que pasó (desobediencia civil pacífica reprimida en forma injusta y equivocada, seguida de desobediencia militar razonable en paralelo con absurdo golpe independiente -pésimamente organizado y auto frustrado- y renuncias presidenciales ingeniosamente manipuladas, en paralelo con improvisado e ingenioso contragolpe… tal vez pre-ensayado), de lo que está pasando y de lo que podría pasar.

Para mí -e insisto que un especialista en escenarios debe formular escenarios posibles y no escenarios preferidos- estamos viviendo en un equilibrio inestable entre los siguientes grupos de poder:

1.        un grupo militar gubernamental, dominante y con liderazgo compartido, negociando con los disidentes militares, por ser estos muchos y menos peligrosos -para ellos- que los del grupo siguiente.
2.        un grupo gubernamental de tendencia policíaca, pro círculos bolivarianos, pro cubano, pro terrorista y anti militarista tradicional, que crece.
3.        un grupo político gubernamental debilitado, que obligado por las circunstancias trata de mantener el fervor popular y su supervivencia, frente a una lucha de poder sin cuartel con -y entre- los grupos anteriores.
4.        una numerosa sociedad civil chavista, alborotada -y relativamente más homogénea y políticamente más organizada- frente a una sociedad civil de oposición frustrada, poco organizada y sin liderazgo definido, estratégica y políticamente ingenua y heterogénea… dándose cuenta y haciéndose cargo de ésta situación.  

Esto configura la vivencia de un escenario de pre-transición, con múltiples maniobras de distracción, pero con claro predominio del ajuste militar, policial y político que probablemente dure pocos días o semanas.

Probablemente esta situación conduzca -para bien o para mal- a un escenario de transición democrática o no democrática de ajuste económico-financiero y político-social, coherente con el signo de quienes pasen a detentar el poder.

Puede que después de pocos meses la transición desemboque en un escenario de post-transición que intente consolidar aceleradamente la transición… o involucione -al poco tiempo- en un nuevo escenario de pre-transición…

Finalmente recordemos -con modestia- que nadie sabe a ciencia cierta lo que va a pasar… la idea es monitorear el entorno, explicitar hipótesis, reformular objetivos y estrategias en consecuencia con ello… y actuar -en consecuencia- respetando principios e ideales.

Invito a los lectores interesados -funcionarios, trabajadores, politólogos, economistas, sociólogos, consultores, directivos, gerentes, empresarios, etc.- a que envíen sus comentarios a gobernabilidad@dezerega.com, haciendo llegar tanto sus ideas como sus valiosos puntos de vista críticos -constructivos o destructivos- argumentados y ojalá documentados: en un próximo número de la revista presentaría una síntesis de lo recibido junto con una versión más profunda y actualizada de éste interesante tema. Gracias.

 

 Ing. Víctor Dezerega Cáceres,
FADA, Business Coach,
MBA IESA,
Profesor de Liderazgo Estratégico.

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